Atreverse a ser vulnerable

VulnerableGood morning, good morning! Me estoy leyendo un libro maravilloso llamado The Gifts of Imperfection (Los regalos de la imperfección), que trata sobre lo valioso que es aceptar nuestra vulnerabilidad, permitirnos ser imperfectos y así lograr la autenticidad.

La autora es Brené Brown, una investigadora de la Universidad de Houston, que se ha especializado en estudiar los temas de remordimiento, valía, coraje y felicidad. Su teoría principal es que todas las personas del mundo experimentamos remordimiento/vergüenza (la palabra es shame en inglés), pero para poder ser felices y vivir una vida auténtica, tenemos que reconocer y no huir de esas emociones. Vivimos en un mundo donde se juzga la vulnerabilidad, donde les enseñamos a los niños a que aguanten, pongan una sonrisa en la cara y sigan adelante. Premiamos al que sigue, sigue, sigue y siempre se ve perfecto, impasible, y condenamos a quienes consideramos débiles, llorones, incapaces.

Pero nos olvidamos de algo importantísimo: no somos máquinas, somos humanos. Y, por ende, somos seres emocionales. La pena, la vergüenza, ese molestoso sentimiento de no sentirnos lo suficientemente buenos, habita en cada una de nuestras cabezas. No hay personas inmunes, lo que pasa es que casi no hablamos al respecto. Nos comemos nuestros sentimientos. Sonreímos. Nos reímos frente a algo que nos provoca particular gracia.

Atrevernos a ser vulnerables es acercarnos más a ser auténticos. Como en la historia que les conté la semana pasada (puedes leerla aquí), me permití ser vulnerable en el metro, dejé que vieran mis lágrimas, y cuando se me acercó alguien no le mentí diciendo que estaba bien, sino que fui honesta y le dije que tenía mucha pena.

Pero no es fácil ser vulnerable. A pesar de haber vivido ese episodio en el metro, yo me guardo mucho las cosas. Me digo que tengo que ser fuerte y seguir adelante. Claramente, en mi cabeza está la creencia de que sentirme cansada, bajoneada, triste o deprimida es un signo de debilidad.

Entonces debo abrirme. Quiero hacerlo, porque la autora remarca otro punto muy importante: el reconocer nuestros miedos y vergüenzas, y hablar sobre ellas, nos libera y es ahí donde efectivamente podemos seguir adelante mejor y más fuertes que antes. En cambio, cuando guardamos el miedo, la pena, la vergüenza y el “no soy lo suficientemente bueno” en nuestro interior, estos se alimentan y crecen hasta paralizarnos. Es por eso que caemos en cuadros de angustia, depresión y otras enfermedades mentales.

Lo que me lleva a otro GRAN consejo que saqué de este libro: las personas deben ganarse el derecho de escuchar tu historia. Una cosa es ser vulnerable, pero la otra es saber escoger con quién serlo. Porque, lamentablemente, no todas las personas sabrán cómo lidiar con tu vulnerabilidad. La autora habla de los distintos tipos de amigas que no sirven: la que dice que en realidad es terrible lo que te sucedió, la que empieza a hablar de lo que a ella le pasó que es mucho más terrible, la que te mira con lástima,

Por suerte, existen personas maravillosas que se habrán ganado el derecho de escuchar tu historia. Porque tu historia, tu vida, tus penas, alegrías y desafíos, valen y son importantes. Esas personas maravillosas son aquellas que te contienen, que empatizan, que escuchan sin tratar de solucionarte la vida, que se ponen en tu lugar y se permiten ser vulnerables también. Normalmente no son muchas. Si es una sola eres una afortunada. Si son cinco, también.

Me encantó ese pensamiento: que mi historia, mi vida es valiosa y las personas que la escuchan deben ganarse el derecho para hacerlo, porque es un regalo. Asimismo, me siento una afortunada cuando alguien cree que yo me gane el derecho de escuchar la suya.

¿Ustedes se permiten ser vulnerables? ¿Cuántas personas se han ganado el derecho de escuchar su historia?

Un abrazo grande y feliz jueves!

Andrea

*Imagen cortesía de Claudia Larrabe desde el Asia 🙂

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8 comentarios en “Atreverse a ser vulnerable

  1. Me gustóooo. Ahora entiendo por qué la gente me decía que era valiente cuando estuve muy mal pero pedí ayuda. Yo no entendía, porque me sentía maaaal y básicamente me quería morir, pero me di cuenta que sola no podía, que necesitaba a alguien (o alguienes) que no me dejaran caer. Y pedí ayuda. No me resultó con toda la gente a la que le pedí (y no fue mucha, por eso del ganarse el escucharte que mencionas arriba), pero con quienes sí me resultó se forjó algo más importante y eso me ayudó muchísimo. Ahora estoy bien. Y de verdad siento que eso de sentirse más ligera es verdad. Yo soy llorona de emociones, me emocionan ciertas/muchas cosas, pero cuando me siento mal, lloro. Dejo ir. Le cuento a mi mamá, ese es como mi punto final en que dejo ir la angustia (escribir y contarle a ella). Después una se siente tan bien. Nada peor que restringirse sola por lo que los demás piensen.

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    • Es muy valiente lo que hiciste! Reconocer cuando uno está mal y buscar la ayuda necesaria requiere coraje. De verdad te admiro. Yo también soy súper llorona, creo que sirve como bálsamo y si no me equivoco, está comprobado científicamente que algo le pasa al cuerpo después del llanto, que se relaja. Y claro, son en los momentos en los que uno se deja ser vulnerable cuando ve quiénes son tus verdaderos amigos/confidentes. Un abrazo, Nati!

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  2. Que lindo tu post… es cierto en esta sociedad y actualidad nos enseñan o nos programan para ser fuertes y valientes! pero siento que uno es más valiente cuando pide ayuda…hay que vivir los procesos tal como son (sin dejarnos pisotear por supuesto) pero no es malo reconocer miedos o vergüenzas… digo esto un poco de la boca para afuera, porque obviamente es difícil y cuesta, incluso hasta frente a mi marido me cuesta reconocer cosa y me las tiene que sacar casi a la fuerza (es que me conoce tanto)

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  3. Que lindo post, espero estar entre las personas que se han ganado el derecho de escucharte!!! Porque siempre estare dispuesta a hacerlo y me encanta que me cuentes cosas 🙂
    Bella foto!!!! Jajajajaja

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  4. Es tan cierto todo. Creo que hay una creencia extendida de que se nos permite llorar o mostrar debilidad en grupos cerrados, ojalá con la familia, las amigas o el pololo, pero para afuera tienes que estar bien, fuerte, nadie quiere verte así. En el trabajo está tácitamente prohibido mostrar debilidad porque se supone que pierdes piso. Siempre he pensado que eso está mal, que si te ven llorando una vez no significa que no seas capaz de superarlo, es algo que no tiene nada que ver con ser buena en lo que haces. Además, todo el mundo ha tenido malos momentos en la vida y siento que es mucho peor guardárselos y esconderlos antes que externalizarlos. Las lágrimas son para eso, puede sonar tonto, pero aunque sean transparentes siento que muchas veces se llevan lo malo y cuando uno para y ya no tiene más ganas de llorar se hace tan patente, esa sensación es tan liberadora.
    Andrea, no leo muchos libros de autoayuda, pero ayer escuché sobre uno que se llama “Si tienes miedo, igual hazlo” de Susan Jeffers y me tincó. ¿Lo conoces o leiste de casualidad?

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    • Totalmente de acuerdo, mostrar debilidad en el trabajo no tiene nada que ver con no ser buena en lo que haces. Lo contrario, creo que es bueno para recordar que todos somos humanos. Y cuando uno acepta su vulnerabilidad, demuestra que uno está consciente, que trabaja en uno, y que es valiente, es una persona mucho más completa. Conozco el libro y he leído muy buenos comentarios, parece que es súper conocido, pero no lo he leído! Me tinca mucho.

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